¿Qué es lo verdaderamente valioso?

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Comienza el 2013 y siempre es momento de hacer nuevas promesas y retomar algunas no cumplidas, pero, ¿cómo le damos el valor a las cosas?, ¿cómo sabemos que algo es importante para nosotros? Desde el punto de vista evolutivo, el humano siempre le ha dado un valor a lo que le rodea, aprendemos a que hay cosas más importantes que otras, ¿pero cómo decidimos esto?

Cuando los primeros humanos se desarrollaron trajeron consigo una capacidad inédita: la del pensamiento. Pensar hizo que nos desarrolláramos. Pensar nos dio la capacidad de poder resolver problemas cada vez más complejos. Pensar nos permitió dar respuestas cada vez más inteligentes.

Nuestra capacidad de interactuar con el medio que nos rodea se hizo de una forma muy compleja. Nuestro cerebro cambió y nos brindó la oportunidad de pasar del “hombre de las cavernas” al “hombre en la luna”. Sin embargo, este cerebro no ha cambiado mucho en miles de años, lo que sí ha ido evolucionando es la forma en cómo se relaciona con el medio ambiente.

¿A qué se enfrentaba nuestro cerebro? Lo primero con lo que nos encontramos fue con la naturaleza, que de hecho fue lo que nos trajo hasta aquí. Milenios de evolución nos llevaron por caminos inimaginables y como especie somos herederos de una gran tradición natural que pasó desde los primeros peces en el mar primigenio hasta los mamíferos terrestres pasando por anfibios, reptiles y aves. De hecho, seguimos manteniendo dentro de nuestro cerebro la historia de todo este paso por la Tierra y seguimos siendo los herederos de una gran historia épica por la vida.

Por lo tanto, no es extraño saber que lo primero que tratamos de entender fue  lo que nos dio la vida misma. Imagine usted lo siguiente: hace miles de años usted ve fuego después de que ha caído un rayo del cielo sobre un árbol. Si al acercarse por accidente se quema, piensa que “algo o alguien” quiso hacerle daño mientras que, por otro lado, si el calor de ese fuego cocinó algún alimento haciéndolo más digerible, entonces piensa que el fuego fue algo “bueno”, que hubo “algo o alguien” que nos ayudó, ¿pero quién?

Una de las cosas que tienen en común todas las religiones del mundo es la noción básica de tratar de comprender a la naturaleza y por eso se le venera. El aire, el agua, la tierra y el fuego son los elementos a los que desde antiguas civilizaciones hemos tratado de comprender y controlar por el estado de indefensión que tenemos frente a ellos.

¿Qué trata de hacer una religión?, ¿la necesitamos? La religión nos trata de dar una respuesta y al ser humano nos encantan esas respuestas. Cuando no entendemos por qué suceden las cosas tratamos de buscar la forma de comprender el cómo sucedió. A los humanos no nos gusta estar en incertidumbre, buscamos la seguridad de tener la explicación de lo que nos rodea o nos pasa. La incertidumbre nos genera ansiedad, y la ansiedad malestar emocional. Con este conocimiento tratamos de lograr un control de la situación, y si no la tenemos, entonces el “destino” es lo que determinará nuestra existencia.

Cuando tenemos la oportunidad de explicar por qué suceden las cosas entonces tenemos una sensación única, la de control. El tener el control de las situaciones que pasan en la vida cotidiana, en el trabajo, escuela o al interior de nuestra familia nos permite tener una seguridad de nosotros mismos y lo que nos rodea. Valuamos las situaciones en las que podemos tener la capacidad de hacer algo.

Por ejemplo, cuando alguien sufre un asalto sentimos que, más allá de lo material, nos quitan algo, nos roban la seguridad, sentimos que no tenemos el control de las cosas y lo que nos rodea, por lo que necesitamos de un cuidado especial porque nos sentimos dañados e indefensos en nuestra integridad.

Para comprender lo que es esta sensación la evolución nos da una clave importante. La evolución es la manera como un organismo cambia por que el medio que le rodea así le demanda, esto ha hecho que las diferentes características físicas y conductuales se vayan modificando conforme se han requerido a lo largo de la historia. Así, conforme hemos garantizado nuestra supervivencia también hemos ido poniendo valor a las cosas de nuestro alrededor.

Hace 150,000 años el hombre, el homo sapiens apareció, trayendo consigo su cerebro, que serviría como el vínculo de comunicación con el ambiente y sus demandas, que al principia eran muy importante. Es difícil pensar que en un inicio éramos una especie tan amenazada como algunas lo son hoy en día. Nuestro cerebro nos permitía generar estrategias para cazar y sustentar nuestra existencia, y la base de todo era formar familias.

Entonces: ¿Por qué la familia?, ¿qué ventaja nos brinda? Al parecer hay una regla evolutiva: entre más complejo es un cerebro más tiempo tarda en desarrollarse. En general, un bebé llega siendo un embrión al momento del nacimiento, es muy endeble. En promedio tarda ocho meses en decir sus primeras palabras y un año en poder desplazarse. Entonces la evolución le dio la ventaja: dos padres enamorados que le ayuden a desarrollarse. En muchas otras especies solamente se requiere de un solo progenitor para cuidar del desarrollo de la cría. Pero en nuestro caso tener dos garantiza la probabilidad de su supervivencia. De este modo, la garantía de que el bebé tenga éxito es mayor, hay alguien que lo instruya, hay quien lo alimente, quien le brinde protección, todo esto se garantiza con algo: el amor.

Hablar del amor parece difícil, y más en términos evolutivos, ¿por qué existe el amor? ¿Lo necesitamos? En un famoso experimento, se colocó a un mono huérfano en una situación para decidir: se le puso una “mamá de felpa” que le brindaba calor, o “una mamá de alambre” que le brindaba alimento, los resultados fueron inequívocos, el mono prefirió a la madre que le brindaba calor más que a la que le brindaba alimento. Esto significa que es una cuestión innata, inherente al humano y otras especies. Como dirían los Beatles: “all you need is love” (todo lo que necesitas es amor).

El amor ayuda a afianzar las relaciones entre los que lo tienen, hace que nos comportemos con un objetivo claro: el cuidado emocional de otra persona, cuando esto sucede se busca tener la posibilidad de que nuestro desarrollo humano se vea favorecido y tratar de garantizar que nuestra siguiente generación tenga mayor éxito, en general eso es lo que ha hecho que pasemos del hombre de las cavernas al hombre contemporáneo.

La evolución no deja nada al azar, el amor favorece las relaciones de grupo, vincula a nuevos integrantes y da la posibilidad de variar más nuestro comportamiento en función de ambiente que nos rodea. Por eso celebramos en familia, buscamos situaciones para reunirnos, compartir la comida y formar recuerdos que fortalezcan los lazos familiares.

La familia en la base de la cultura, constituida por todos los hábitos y costumbres pertenecientes a nuestro grupo social, por eso celebramos ciertas fechas, desde nuestro cumpleaños hasta la navidad o el día de muertos, son los vínculos que nos fortalecen como sociedad, y es lo que nos da una identidad como nación. Por ello tenemos tantas celebraciones y buscamos reunirnos.

Los vínculos nos fortalecen, las semejanzas nos acercan más que las diferencias, por ello buscamos las cosas importantes, le damos el valor a las cosas cuando hemos garantizado nuestra supervivencia como especie. Desde hace 90,000 años se han encontrado objetos que se usaban como herramientas, pero desde 75,000 al presente encontramos pinturas rupestres o ídolos que nos indican que hay un elemento de importancia trascendental.

El arte se desarrolló en el momento en que la alimentación ya no era un problema, y también evolucionó. Ha dejado múltiples elementos a lo largo de nuestra existencia. Es una manera de percibir el mundo, con la subjetividad que conlleva. Por eso prácticamente cualquier actividad humana se convierte en arte; nuestros sueños los alimentan, buscan diferentes formas para expresarse y encontrar las formas de mostrar sus rasgos. La naturaleza la convertimos en arte  través de nuestro cerebro.

Todas las expresiones humanas tienen rasgos comunes para poder mostrarnos características que nos llevan a trascender por su obra. Un hombre se define por lo que hace y deja huella en sus semejantes. Cómo sabemos que Leonardo DaVinci existió si no es por su obra. La grandeza de un ser se mide por la grandeza de su obra.

De ahí proviene la dignidad, un valor humano universal; es la que nos da la característica de poder pensar en nosotros, en nuestro bien y en el de los demás. Todo lo demás emana de ella, de su desarrollo y de poder crecer en base de nuestras necesidades y verdaderamente trascender.

Cuidar la dignidad hace que nuestras relaciones sean sanas y estables, que podamos generar cada vez más la humanidad, y nuestra mente proyecta en ello. Nuestra experiencia de vida va haciendo que tracemos una ruta, de dónde venimos a dónde iremos, nuestro proyecto de vida se reflejará en esas decisiones.

Se ha dado cuenta que los momentos que verdaderamente cambian su vida, son fragmentos de tiempo en los que no ponemos atención, pero giran nuestra forma de ser o de vivir 180 grados. Nos llevan a múltiples cambios, pero lo importante aquí es mantener ese control, nuestro control. Por eso los atesoramos.

Por lo tanto, y como de costumbre, le recomiendo que piense por un momento en usted, en su bien, ¿cuándo fue la última vez que no hizo?, así, puede usted tratar de orientarse en función del hoy y ahora, de sus necesidades y deseos, y proyecte de nuevo sus metas, sus aspiraciones, y al mismo tiempo plantearse ¿qué necesita para poder lograrlo?, probablemente solo necesite la decisión de hacerlo. Le dejo aquí unas recomendaciones para poner un verdadero valor a las cosas, pero en gran medida a usted mismo:

Haga el bien, por tonto o inútil que parezca, lo que sucede a nuestro alrededor impacta en nosotros.

Una regla de la ética es que si se hacen las cosas bien y de buenas, se reconocen. La grandeza humana no acepta definición, busca siempre la forma de expresarse.

Piense en grande, aunque sea algo cotidiano. Pensar en grande nos hace hacer las cosas y llegar muy lejos.

Las peores mentiras que puede decir son las que se cree usted mismo, tener la capacidad de ser conscientes de nuestra situación nos permite que podamos estar en contacto con la realidad.

Acepte con relativa humildad lo que otras personas le dicen sobre usted, aunque también es importante saber qué de lo que nos dicen es cierto o es falso. La autoestima nos permite hacer esto.

No se odie a usted mismo, las “carencias” que notamos en nosotros siempre son compensadas con virtudes, no existe el hombre completamente malo.

Cada momento de nuestra vida cuenta. No sea un espectador de su vida, sea partícipe de ella.

Piense y decida, ¿qué le gustaría a usted? Que su vida dependa de la suerte, quizá creer en un destino o, tener la seguridad que a partir de nuestras decisiones nuestra propia vida tome el rumbo que queremos. Cada uno de nosotros tiene la capacidad de determinar lo que es valioso y puede diferir de lo que los demás creen, la tolerancia en este sentido hará que la convivencia sea lo que necesitamos para estar bien, pero lo más importante es la opinión que usted tiene de sí mismo.

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