Opiáceos: heroína, una de las drogas más consumidas a nivel mundial

Por: Elizabeth Alejandra Anaya Ortiz y Zyanya Pamela Gómez Corona

“Las drogas son una pérdida de tiempo. Ellas destruyen tu memoria, respeto y autoestima.”

-Kurt Cobain

El término droga es definido por Cosacov (2007) como una sustancia que al ser administrada provoca cambios fisiológicos. Aunque las drogas pueden ser medicamentos, el término se usa básicamente en relación a las sustancias que tienen un efecto sobre la mente o el comportamiento, a las que se denomina drogas psicotrópicas o psicoactivas, siendo algunas de uso legal y otras de uso ilegal.

Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud (2014) dice que droga es toda sustancia que, introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce una alteración, de algún modo, del natural funcionamiento del sistema nervioso central del individuo y es, además, susceptible de crear dependencia, ya sea psicológica, física o ambas.

Pero, ¿qué es lo que empuja al ser humano al consumo de determinadas sustancias? ¿Existe alguna relación entre ellas? ¿De dónde nace el poder de la adicción, que hace perder los principios a la persona más juiciosa y la razón a la más cuerda?

Entre las adicciones más frecuentes y aceptadas socialmente se encuentran la nicotina y el alcohol. En segunda línea, están la cocaína, el cannabis y las metanfetaminas, seguidas por la heroína. Ésta última siendo un derivado de los famosos opiáceos.

Y, ¿qué son los opiáceos?

Son conocidos desde hace mucho tiempo como sustancias naturales, que se encuentran en el zumo de las semillas de la adormidera o papaver somniferum.  El zumo seco y fermentado se denomina opio y contiene una mezcla de alcaloides opiáceos. En 1806, el químico alemán Fiedrich Serturner consiguió aislar el principal elemento del opio en su forma pura, llamándola morfina. Tras mínimas alteraciones químicas se pudieron obtener opiáceos semi-sintéticos como lo son la heroína y buprenorfina.

A menudo se utiliza el término opiáceo en vez de opioide.  No obstante el término opiáceo se refiere al origen de la sustancia con respecto al opio, es decir, son sustancias que se extraen de la cápsula de la planta del opio.  Por extensión, se denominan también así los productos químicos derivados de la morfina. El término opioide se utiliza para designar aquellas sustancias endógenas o exógenas que tiene un efecto análogo al de la morfina y poseen actividad intrínseca. No todos los opioides son opiáceos, ni todos los opiáceos son opioides.

Uno de los opiáceos más conocidos y consumidos alrededor del mundo es, sin duda alguna, la heroína. Ésta puede administrarse de diferentes formas:

Ψ    De forma parenteral:

1.    Vía intravenosa: es la más rápida e infalible de administración. La inyección de un bolo logra concentración muy alta del fármaco primero en el corazón derecho y los pulmones y después en la circulación sistémica.

2.    Vía intramuscular: las inyecciones suelen producir un efecto más rápido que la administración oral, pero la velocidad de absorción depende en gran medida del lugar de inyección y del flujo sanguíneo, a mayor flujo sanguíneo mayor absorción.

Ψ    Inhalada.

Ψ    Aspirada.

Ψ    Fumada: se calienta sobre un papel de aluminio y con ayuda de algún instrumento se inhalan sus vapores por la nariz o la boca.

El consumo de esta droga puede tener diversos efectos, entre los que destacan: Euforia inicial, apatía, lentitud psicomotora, deterioro en el proceso de pensamiento y en la capacidad de atención y memoria, así como cambios drásticos en actitudes escolares y sociales. Asimismo, produce bienestar debido a sus efectos placenteros y sus análogos son objeto de abuso, provocando una marcada tolerancia, adicción y un síndrome de abstinencia grave que puede durar hasta 10 días.

A corto plazo los efectos pueden incluir:

Ψ    Somnolencia

Ψ    Respiración más lenta

Ψ    Estreñimiento

Ψ    Pérdida del conocimiento

Ψ    Náusea

Ψ    Coma

Y a largo plazo el uso continuo o indebido puede producir dependencia física y adicción. El cuerpo se adapta a la presencia del fármaco y se produce el síndrome de abstinencia si el uso se reduce o se detiene. Éstos incluyen agitación, dolor óseo y muscular, insomnio, diarrea, vómitos y frío intenso con la piel de gallina. También puede darse la tolerancia, lo que significa que los consumidores a largo plazo deben aumentar su dosis para alcanzar el mismo viaje. Una sola dosis grande puede causar una depresión respiratoria grave y la muerte.

La adicción a la heroína es un problema de salud muy grave que no siempre recibe tratamiento, con las consiguientes consecuencias en la salud de los adictos, el sufrimiento en su entorno familiar y social, los riesgos en los ambientes educativos y juveniles, la violencia asociada, o los costes en salud pública por las enfermedades relacionadas con la adicción.

En muchos casos la ausencia de tratamientos de desintoxicación contra la heroína y opiáceos se debe a concepciones erróneas sobre lo que la adicción es. Todavía para mucha gente la adicción a la heroína es una cuestión de decisión personal, es decir, el adicto lo sería porque quiere consumir mucha droga, o es un asunto de falta de carácter, y así el adicto no deja de consumir heroína porque no tiene fuerza de voluntad. Detrás de estas concepciones está la creencia de que abandonar la adicción a sustancias químicas está enteramente en las manos de la persona adicta.

Pero la adicción va más allá de la decisión y la voluntad personal porque es una enfermedad que se escapa del control del adicto. Con el consumo elevado o prolongado de heroína, el cerebro experimenta cambios bioquímicos que modifican los comportamientos, pensamientos y sentimientos del consumidor, y que producen, entre otros efectos, un deseo compulsivo e incontrolable de consumir heroína.

Entonces, ¿¡cómo dejar de consumirla!?

El tratamiento de desintoxicación de heroína y opiáceos, comienza con un diagnóstico que comprende la evaluación de los factores biológicos, sociales y psicológicos que interactúan en la enfermedad de cada persona, y que implica exámenes y análisis médicos y psicológicos. Tras el diagnóstico y el diseño del proceso a seguir, el tratamiento implica una desintoxicación ultrarrápida. Se centra en el control de los síntomas más evidentes de la adicción, esto es, en el control del síndrome de abstinencia. Según esta concepción, tratar la adicción a los opiáceos significa ante todo limpiar el organismo de la droga. Sin embargo la desintoxicación, tal y como se entiende en tratamientos avanzados, implica no sólo la eliminación de los síntomas de la abstinencia, sino también, y de manera fundamental, la recuperación de los daños cerebrales causados por la droga, y de las funciones cognitivas y afectivas que han sufrido alteraciones.

También se ha utilizado eficazmente el tratamiento con metadona y con seguridad para tratar la adicción a los opiáceos. Prescrita adecuadamente, la metadona no es tóxica ni sedativa, y sus efectos no interfieren con actividades regulares como conducir un automóvil. El medicamento se toma por vía oral y éste suprime los síntomas del síndrome de abstinencia al narcótico por un período de 24 a 36 horas. Los pacientes pueden percibir dolor y tener reacciones emocionales. Pero lo más importante es que la metadona calma el deseo vehemente por la heroína asociado con la adicción, el cual es una de las razones principales de las recaídas. Se ha encontrado que en los pacientes que utilizan metadona, las dosis normales de la heroína que se vende en la calle no son suficientes para producir el «rush», es decir, el brote de euforia acompañado de un cálido sonrojo de la piel, boca seca y extremidades pesadas, haciendo más fácil dejar de usar la heroína. Los efectos de la metadona duran de cuatro a seis veces más que los de la heroína, por lo que las personas en tratamiento necesitan tomarla solamente una vez al día.

Es importante que el consumidor aprenda a analizar, afrontar y utilizar sus deseos. Es necesario que observe cómo puede hacerlos desaparecer sin necesidad del consumo. Por tanto, el adicto, con ayuda profesional debe aprender a vigilarse ante la presencia del deseo por consumir, identificar los signos y manejar la situación.

 

Referencias bibliográficas:
–       Cosacov, E. (2007). Diccionario de términos técnicos de la Psicología. Córdoba: Brujas.
–       Galimberti, U. (2002). Diccionario de psicología. México: siglo veintiuno editores.
–       González, A. y Matute, E. (2013). Cerebro y drogas. México: Manual Moderno.
–       Hernández, A. (). Farmacología general, una guía de estudio. México: McGraw-Hill.
–       Ibáñez, A., Morales, C., Calleja, M., Moreno, P. y Gálvez, R. (2016). Terapéutica: tratamiento del dolor. México: Manual Moderno.
–       National Institute on Drug Abuse. (2012). ¿Cuáles son las posibles consecuencias del consumo y el abuso de opioides?. 2012, de National Institute on Drug Abuse Sitio web: https://www.drugabuse.gov/es/publicaciones/serie-de-reportes/los-medicamentos-de-prescripcion-abuso-y-adiccion/los-opioides/cuales-son-las-posibles-consecuencias-del-consumo-y-el-abuso-de-opioides
–       Organización Mundial de la Salud (2014). Informe sobre la salud en el mundo 2014. Ginebra, Organización Mundial de la Salud.
–       S.F.P.. (2016). Efectos de los opiáceos y derivados de la morfina. 2016, de Fundación por un mundo libre de drogas Sitio web: http://mx.drugfreeworld.org/drugfacts/prescription/opioids-and-morphine-derivatives-effects.html

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